Ocho años después de las inundaciones que devastaron Sullana y Bellavista, el sistema de drenaje pluvial sigue inconcluso. Con más de 116 millones de soles comprometidos, las obras avanzan por etapas mientras el norte del país enfrenta una nueva temporada de lluvias  y la pregunta ya no es cuánto se gasta, sino si el Estado ejecuta a tiempo.

En 2017, el agua ingresó a viviendas y negocios en Sullana y Bellavista, evidenciando que el sistema urbano no estaba preparado para lluvias intensas. Como respuesta estructural para evitar nuevas inundaciones, se planteó la construcción de un drenaje pluvial integral. En 2025, la ANIN inició los trabajos en el Sector 1 Dren Boquerón de Núñez, tramo inicial del proyecto, con un plazo contractual de 13 meses para su ejecución.

La obra ya tiene presencia en campo: maquinaria, excavaciones y estructuras de concreto forman parte del paisaje en este tramo inicial. El proyecto no se limita a un solo sector; también comprende intervenciones en “Cola de Alacrán 1, 2 y 3” y en el “Canal Vía”, algunos de los cuales han avanzado en diseño técnico y planificación con más del 95 % de avance en sus estudios según informes de ANIN y PCM.

En el plano presupuestal, documentos oficiales registran obligaciones de pago por S/ 116,743,065.35 al 16 de enero de 2025, correspondientes a valorizaciones reconocidas dentro del proyecto. La intervención está en marcha y parte del sistema comienza a tomar forma. Sin embargo, el drenaje integral aún se ejecuta por etapas y su efectividad real se medirá cuando todo el sistema funcione de manera articulada frente a una nueva temporada de lluvias intensas.

Frente a ello, Daly advierte que el verdadero problema no es la lluvia, sino la repetición de la inacción estatal. El país sabe que lloverá, sabe dónde se desbordarán los ríos y sabe qué zonas son vulnerables. Lo que aún no logra es convertir ese conocimiento en prevención efectiva. Con miles de millones comprometidos desde 2017, la pregunta ya no es si se invierte, sino si se ejecuta a tiempo y con resultados reales. Porque cuando la emergencia vuelve, lo que queda expuesto no es solo la fragilidad del suelo, sino la fragilidad de la gestión pública.