El 2025 quedará marcado como el año en que el Servicio de Administración Tributaria de Chiclayo, el SATCH, fue empujado al borde del colapso. No por falta de recursos ni por causas externas, sino por una administración desastrosa, dirigida por funcionarios sin perfil, sin liderazgo y sin vocación de servicio.

No hubo planificación ni control. En lugar de ordenar la institución, se infló la planilla con amigos, conocidos y allegados, muchos de ellos con sueldos elevados que terminaron quebrando la economía interna. El resultado fue humillante: no había dinero ni siquiera para pagar a los trabajadores que sí sostenían el día a día del ente recaudador.

Mientras la mala gestión cobraba su factura, los más afectados fueron el trabajador de planta y el personal CAS. Sueldos retrasados, incertidumbre laboral y abandono total. Aun así, fueron ellos quienes evitaron el colapso definitivo del SATCH, trabajando en silencio y con responsabilidad, pese al maltrato administrativo.

Hoy, cuando esa herida aún no cierra, los mismos malos funcionarios que llevaron a la institución al abismo buscan asegurar encargaturas y contratos para el 2026. Pretenden repetir la historia, proteger sus intereses y seguir destruyendo una entidad que apenas intenta ponerse de pie.

Ellos, pretenden “repetir el plato”: un plato que puede tener sabor a cabrito para algunos, pero que para la institución significa retroceder, volver al desorden y profundizar la crisis.

Los trabajadores ya lo vivieron. Ya pagaron el precio. Y esta vez no están dispuestos a callar mientras quienes tanto daño hicieron al SATCH intentan seguir destruyéndolo desde adentro.

La historia está escrita. La advertencia también. Ahora, la responsabilidad es no permitir que el pasado vuelva a gobernar el futuro.

Los trabajadores ya vivieron el caos y no quieren volver a hacerlo. El SATCH no puede ser otra vez el botín de quienes confundieron gestión pública con beneficio personal.